dimecres, 30 de març del 2011

que ahora ya nada le importaba.


Sentía que ahora ya nada le importaba, en realidad no tenia porque ser tan extremista, algo si que seguía importándole pero no era en absoluto nada relacionado con Él. Ahora ya no calculaba con una increíble precisión cada movimiento ni cada mirada, ahora simplemente se movía y miraba como le salia, y si tenía que desviar su mirada de la de Él para toparse con la de algún otro ser humano lo hacía sin más. Ahora ya no sentía aquel no sé qué en el estómago cuando Él la abrazaba por detrás por sorpresa o cuando notaba en su mirada algo de brillo poco habitual al mirarla. Y cuando sus labios la rozaron fue sólo eso, roce, no un beso de esos que te provocan un no sé qué todavía más fuerte que el de los abrazos por sorpresa, ese no sé qué que antes le provocaba con cualquier tontería. Ha predicado durante mucho tiempo que “el roce hace el cariño” pero ahora, después de aquello que no le provocó nada de nada en la boca del estómago, ya no lo cree. Y está tranquila de haberlo superado, ya le tocaba pasar página, aunque algo inquieta sobre el porqué parece que Él, que la había pasado en teoría hace mucho, ha retrocedido. En realidad le da lo mismo que haya avanzado veintitrés páginas o que haya retrocedido dieciocho, lo que pasa es que siempre ha tenido una necesidad de información brutal en respeto a este tipo de temas...
Y ahora es primavera y hay más horas de luz, y no termina de creerse que la sangre no se le altera con estas pequeñas jugadas de profesional que tan bien ha preparado Él. Y cómo se le altera con una simple sonrisa, sincera, que termina por alzarle tanto las mejillas que se le empequeñecen y achinan los ojos, a ese otro Él.


C.C.G.

diumenge, 13 de març del 2011

en un mundo aparte pero con la misma gravedad...


En otra ocasión me hubiese quedado, tomado algo más y soltado todo esto que llevo en mi interior porque en realidad ya no puedo más.
En otra ocasión no hubiese sentido miedo de quedarme allí sólo con otra persona humana, miedo al rechazo, a meter la pata, a que todo sea demasiado bonito, miedo a la felicidad momentánea, a lo efímero, a no llegar más allá, pero creo que sobretodo al rechazo.
En otra ocasión no hubiese maldecido interiormente a los “abandonadores” que por más hacer nos dejaban solos, tu y yo, rompiendo la complicidad del momento, en un mundo un tanto aparte al suyo pero con la misma gravedad, evitándonos el dejarnos llevar, sujetándonos a una realidad que nos era cómoda a los dos... y al romper todas estas cuerdas dejar aflorar al miedo, empapándonos de él sin que nos diésemos cuenta, como si fuese veneno bombeado por nuestros corazones hacia el resto del organismo, dejándonos morir poco a poco, pero muy rápido.

C.C.G.