Sentía que ahora ya nada le importaba, en realidad no tenia porque ser tan extremista, algo si que seguía importándole pero no era en absoluto nada relacionado con Él. Ahora ya no calculaba con una increíble precisión cada movimiento ni cada mirada, ahora simplemente se movía y miraba como le salia, y si tenía que desviar su mirada de la de Él para toparse con la de algún otro ser humano lo hacía sin más. Ahora ya no sentía aquel
no sé qué en el estómago cuando Él la abrazaba por detrás por sorpresa o cuando notaba en su mirada algo de brillo poco habitual al mirarla. Y cuando sus labios la rozaron fue sólo eso, roce, no un beso de esos que te provocan un
no sé qué todavía más fuerte que el de los abrazos por sorpresa, ese
no sé qué que antes le provocaba con cualquier tontería. Ha predicado durante mucho tiempo que
“el roce hace el cariño” pero ahora, después de
aquello que no le provocó nada de nada en la boca del estómago, ya no lo cree. Y está tranquila de haberlo superado, ya le tocaba pasar página, aunque algo inquieta sobre el porqué parece que Él, que la había pasado en teoría hace mucho, ha retrocedido. En realidad le da lo mismo que haya avanzado
veintitrés páginas o que haya retrocedido
dieciocho, lo que pasa es que siempre ha tenido una necesidad de información brutal en respeto a este tipo de temas...
Y ahora es
primavera y hay más horas de luz, y no termina de creerse que la sangre no se le altera con estas pequeñas jugadas de profesional que tan bien ha preparado Él. Y cómo se le altera con una simple sonrisa,
sincera, que termina por alzarle tanto las mejillas que se le empequeñecen y achinan los ojos, a ese otro Él.
C.C.G.